Museo Fader: el oasis de las artes

Entre centenarios árboles aparece como un espacio lleno de historias, misticismo. El pasado se une con la vanguardia y esconde en sus entrañas una inmensa colección.

Caminar por sus jardines implica un paseo por un tiempo de lujos, juegos entre cipreces y esculturas, una invitación a sumergirse en un pasado lleno de pinceladas y cinceles.

Pero el entrar a la casona de Luján es otro desafío.

Intervenciones, restauraciones –algunas que lastimaron la historia- y miles de personas que caminaron por sus pasillos fueron dejando marcas y, en 2012, cerró sus puertas y quedó detenido hasta hoy.

El 3 de agosto de 2016, el Gobernador Alfredo Cornejo, junto a Diego Gareca, secretario de Cultura de Mendoza, anunciaron la inversión que realiza la provincia para restaurar el simbólico espacio de arte.

Luego de un estudio estructural minucioso, a cargo de un grupo de especialistas en estructuras, de la Universidad Tecnológica Regional Mendoza, Ceredetec, la Dirección de Patrimonio y Museos y el Ministerio de Infraestructura, se decidió conformar las bases para el proyecto de restauración.

Se detectó corrosión de los perfiles metálicos que soportan las losas, fisuras menores e importantes en la estructura y humedad ascendente en sectores puntuales. Las principales causas de los deterioros fueron la fundación en suelo limoso, el sobrepeso del edificio y las intervenciones, las grandes superficies expuestas a variables ambientales (temperatura y humedad) y el aporte de humedad en el terreno.

La investigación determinó la necesidad de consolidar el museo desde los cimientos, llevando a tierra firme todo el edificio original. Junto a esta estructura, se incorporará una viga superior que estará vinculada en algunos puntos clave con las fundaciones para darle resistencia a las fuerzas sísmicas.

Otro de los puntos fundamentales para detener el deterioro arquitectónico y de los murales es el control de humedad del suelo circundante, especialmente la franja de jardines que se encuentran en la base del edificio.

Custodio de las artes

El Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú – Casa Fader, concebido para una función activa como cátedra de arte, cuenta con colecciones originales de importantes artistas provinciales, nacionales y con reproducciones de cuadros y esculturas del arte universal. Lleva el nombre del extraordinario artista plástico Fernando Fader, quien pintó los maravillosos murales del hall y de la piscina interna.

La casona donde funciona fue donada por Doña Narcisa Araujo de Guiñazú, en 1945 y transformada con una original concepción de museo-parque (trazado geométrico de cipreses que forman salas al aire libre para la exposición de esculturas).

Abrió finalmente sus puertas al público en 1951. En 1998, se declaran Bienes del Patrimonio de la Provincia de Mendoza el Edificio del Museo, su Parque y la obra de Fernando Fader, señal del reconocimiento oficial por el valor patrimonial que el Museo tiene para la vida de Mendoza.

El artista de la historia

Si bien Fernando Fader nació en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1882, y estudió en Francia y Alemania, es reconocido por su trabajo en nuestro país. Estudió pintura con Heinrich von Zügel, un amante de la pintura al aire libre, cuyos ejes temáticos eran los animales y la concepción naturalista del paisaje, derivados de la escuela de Barbizón, lo que se ve plasmado en gran parte de la obra de Fader.

En 1900 ganó una medalla de oro por su pintura Detrás del arco iris. En 1905, abrió su propia academia de pintura en la ciudad de Mendoza, junto a la fábrica de gas de su familia. Ese mismo año, tuvo lugar su primera exposición individual en Buenos Aires, en el Salón Costa. En este mismo salón volvió a exponer un año más tarde, el año en que contrajo matrimonio con Adela Guiñazú.

Participó del grupo Nexus, de temática localista y técnica que oscilaba entre el impresionismo y el academicismo, con Collivadino, Ripamonte, Bernaldo de Quirós y Emilio Caraffa. Nexus presentó tres exposiciones que abrieron el camino al Salón de Primavera de 1911.

Impulsado por su otra pasión, la ingeniería, invirtió toda su fortuna en una empresa hidráulica que lo llevó a la quiebra. Este duro momento económico coincidió con los primeros síntomas de tuberculosis, que lo llevaron a buscar el clima suave de las sierras de Córdoba.

En 1918 se instaló en la finca de Loza Corral, Córdoba, que sería su residencia definitiva. En 1924, la Sociedad Amigos del Arte organizó su primera exposición retrospectiva, en la que se mostraron cuarenta y tres de sus obras. Continuó pintando incansablemente, se presentó en numerosos salones y llevó a cabo exposiciones a pesar de su mala salud, que empeoró notablemente a partir de 1927.

En 1930 realizó la que fue su última exposición en vida. Su precario estado de salud le impidió trasladarse desde Loza Corral y la muestra se inauguró sin su presencia. En 1932, se inauguró, en las salas de la Comisión Nacional de Bellas Artes del Palais de Glace, una gran exposición retrospectiva que reunía ciento ochenta obras de Fader.

Dentro de muy poco tiempo, el Museo Fader reabrirá sus puertas y los mendocinos podremos redescubrir la magia de uno de los grandes nombres de las artes plásticas internacionales. Los muros recuperarán su esplendor y en los jardines se podrá volver a palpitar el legado del artista.

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